Viaje a Siberia - Tercer día
Domingo 7 de agosto: Visita a la ciudad de Krasnoyarsk Nos hemos levantado un poco temprano. La cama no ha resultado demasiado cómoda... Gloria llevaba despierta desde las 2:57 y yo desde las 4:00. Las duchas han sido bastante fresquitas (deben tener una hora para dar el agua caliente y en la cocina la dan antes que en el baño) Gloria volvió a la cama a las 7:15 h; a ver si tiene suerte y duerme un poco.A partir de las ocho la gente se iba levantando. No recuerdo si les advertí que el agua estaba fría… quizás no hiciera falta, ya debía salir caliente. ¿Quién me lo dijo? Y ¿cuándo?: los grifos se graduaban al contrario que en España: hacia la izquierda el agua sale fría y a la derecha caliente… ¡con razón mi ducha era cada vez más fría! Cuanto más a la izquierda llevaba el mando… A las diez debíamos estar abajo, hoy haríamos una visita por la ciudad (el programa decía que debíamos ayudar en el montaje de la exposición pero estaba claro que no nos necesitaban para ello)Tomamos el autobús de línea, uno de aquellos autobuses que tanto llamaron la atención de Gloria (y que pasaríamos, todo el viaje, fotografiando) Este tenía las puertas decoradas con monedas en los cristales. Fuimos a la Academia de Bellas Artes, había una exposición de trabajos de alumnos y otros pintores de la ciudad, como era el caso de Serguey, nuestro compañero en todo el periplo siberiano.Después fuimos al museo regional: Museo histórico del estado de Krasnoyarsk. Vimos trajes, herramientas y formas de vida de los habitantes de las distintas zonas de la región. Al salir, en la entrada del museo había una maqueta de un edificio… ¡de “nuestro” edificio! De la casa donde se encontraba nuestro apartamento. Nadie supo explicarnos por qué estaba allí y yo supuse que había sido galardonado con algún premio a la edificación (y nadie me pudo llevar la contraria)Firmamos en el libro de visitas haciendo constar la ciudad de la que procedíamos (eso lo había hecho Isabel y muchos la copiamos)A la salida paseamos por la orilla del río. Vimos la estatua de Antón Chejov y llegamos a la “Fuente del Yenisei y sus hijas”, una fuente en cascada con esculturas que representan el río Yenisei y sus afluentes. Arriba, en la Plaza de la Ópera, hay una fuente con sonido y cambios de forma. Supongo que por la noche también cambiará de color pero no hemos llegado a verlo.Comida en la cantina Monumento a Puskin Isabel ya lo había visto en un reportaje pero ahora lo tenía delante: dos gatos de bronce esperaban que les lanzaras una moneda. Si caía en su plataforma, volverías a la ciudad: Isabel tiene que volver (no paró hasta que lo consiguió) pero los demás fracasamos en el intento.Muy cerca de los gatos hay una escultura (también en bronce) de un pintor local.Gloria descubrió una tienda de sombreros y, a pesar de estar llena de gorros de piel, típicos siberianos, pasó para buscar un sombrero para su hija ¡qué difícil es elegir un regalo a 7000 Km de distancia, sin posibilidades de cambio!Esta plaza, con su enorme estatua de Lenin, sólo puede ser la plaza mayor de la ciudad. Detrás de la escultura hay grandes edificios del Ayuntamiento y las administraciones.Una voz dijo –“¿De dónde sois?”, ¡qué bien suena el español fuera del país! Era Pabel (Pablo) un estudiante que había pasado mucho tiempo en España. Nos prometió que iría a la inauguración (pero la verdad es que no le vimos)Mercado de frutas y verduras: es habitual ver un grupo de personas vendiendo la recolección fruto de su trabajo: Frutas, verduras, setas, grosellas… Caminando llegamos al estudio de Balera Kudrinski, acuarelista amigo de José que ha sufrido, hace menos de un año, la amputación de una pierna. Después de ver sus obras nos invitó a merendar: “vodka y pescado crudo”. Isabel y Gloria compraron una acuarela, yo quería ver más pero parecía que sólo tuviera las que estaban sobre aquella mesa, así es que me quedé con las ganas.Este pescado crudo es una especialidad siberiana, bueno, eran dos especialidades, uno era en porciones de un pez grande, con piel, y el otro del tamaño de las sardinas, Jonás preguntó si había que comerlo con las tripas y todo… sí, se comía todo. Nosotras no nos atrevimos a hacerlo pero Jonás, que come de todo, se lo comió sin protestar. El vodka era sagrado, no podíamos decir que no nos gustaba, así es que, cada vez que se brindaba (una vez por comensal) nos mojábamos los labios.Regresamos a casa en otro autobús pero esta vez no nos llamó tanto la atención, se ve que ya nos estábamos acostumbrando.Creo que no he comentado que nuestro apartamento estaba justo encima de la Galería de Valentina, pues allí nos dirigimos antes de subir a casa.En las oficinas estuvimos hablando del material que podíamos necesitar mañana domingo: íbamos a pasar el día en la casa de campo de Valentina e Igor, allí nos entrevistarían para una televisión local y debíamos estar pintando del natural.Antes de entrar en casa estuvimos viendo lo que los vecinos tenían plantado en los jardines de la comunidad: repollo, calabazas, marihuana…
Gloria: ¡Firmar en el libro de visitas de un museo! No, eso sí que no... Yo siempre trato de pasar inadvertida; incluso no miro para así no ser vista... Me instaron y sucumbí; pero solo firmé, me resistí a escribir nada. Eso sí, dije de dónde soy, como Isabel y Pili.Pero esa solo fue la primera vez que firmé algo en tierras siberianas.Nada más entrar en el estudio de Balera nos dimos cuenta de que aquél era un momento único, casi mágico. Él, “Ilustre artista de Rusia”, mostraba una emoción que nos contagió a todos haciendo de un instante de nuestras vidas todo un mundo de emociones. Solo mirarle a él emocionaba. Mirar sus cuadros, sus libros, sus pinceles, todo lo que allí tenía, despertaba más y más emociones. Creo que fue entonces cuando nos dimos cuenta de la suerte que teníamos. Estábamos viviendo algo que el dinero no puede pagar...Después de los saludos, y una buena tanda de fotos, pasamos a la habitación contigua donde él y sus dos amigos allí presentes nos habían preparado un refrigerio. Fue todo tan agradable, tan familiar y, al mismo tiempo, tan irreal, que todos estábamos eufóricos y disfrutamos enormemente del momento.Sí, le compré una acuarela. Me gustó mucho con sus tonalidades azuladas de “final del otoño”... Pero al cabo de un rato, cuando se sentó a dedicármela y el lápiz se fue deslizando sobre el dorso de la pintura, el valor de aquella obra creció y creció.“Balera Kudrinski, honorable artista de Rusia, para Gloria con mis mejores deseos para la vida. Que todos tus sueños se hagan realidad. Y todo lo demás ya nos lo proporcionaremos nosotros.”Sé que no pagué su valor real. Isabel y yo le expresamos nuestro deseo de comprar sus obras y nuestro bajo presupuesto comparado con el valor que debían tener. Nos dijo que para sus amigos el precio de cualquier obra suya era poder compartir juntos un vodka. Agradecimos efusivamente la deferencia pero preferimos pagarle lo que podíamos porque seguro le iba a ir mejor. Afortunadamente aceptó el trato y nos llevamos de su estudio un tesoro cada una.También dedicó a Isabel su acuarela:“Para Isabel, con la esperanza de que Rusia no te haya desilusionado. El encuentro de hoy queda en mi alma como un muy buen recuerdo.”Salimos a la calle con la seguridad de que, en todo el tiempo que nos quedaba por pasar en Siberia, nada iba a aproximarse a aquella experiencia. Nos llevamos muchas sorpresas más, cada una diferente e irrepetible, pero, efectivamente, nada tan personalmente emotivo como este momento.
Gloria: ¡Firmar en el libro de visitas de un museo! No, eso sí que no... Yo siempre trato de pasar inadvertida; incluso no miro para así no ser vista... Me instaron y sucumbí; pero solo firmé, me resistí a escribir nada. Eso sí, dije de dónde soy, como Isabel y Pili.Pero esa solo fue la primera vez que firmé algo en tierras siberianas.Nada más entrar en el estudio de Balera nos dimos cuenta de que aquél era un momento único, casi mágico. Él, “Ilustre artista de Rusia”, mostraba una emoción que nos contagió a todos haciendo de un instante de nuestras vidas todo un mundo de emociones. Solo mirarle a él emocionaba. Mirar sus cuadros, sus libros, sus pinceles, todo lo que allí tenía, despertaba más y más emociones. Creo que fue entonces cuando nos dimos cuenta de la suerte que teníamos. Estábamos viviendo algo que el dinero no puede pagar...Después de los saludos, y una buena tanda de fotos, pasamos a la habitación contigua donde él y sus dos amigos allí presentes nos habían preparado un refrigerio. Fue todo tan agradable, tan familiar y, al mismo tiempo, tan irreal, que todos estábamos eufóricos y disfrutamos enormemente del momento.Sí, le compré una acuarela. Me gustó mucho con sus tonalidades azuladas de “final del otoño”... Pero al cabo de un rato, cuando se sentó a dedicármela y el lápiz se fue deslizando sobre el dorso de la pintura, el valor de aquella obra creció y creció.“Balera Kudrinski, honorable artista de Rusia, para Gloria con mis mejores deseos para la vida. Que todos tus sueños se hagan realidad. Y todo lo demás ya nos lo proporcionaremos nosotros.”Sé que no pagué su valor real. Isabel y yo le expresamos nuestro deseo de comprar sus obras y nuestro bajo presupuesto comparado con el valor que debían tener. Nos dijo que para sus amigos el precio de cualquier obra suya era poder compartir juntos un vodka. Agradecimos efusivamente la deferencia pero preferimos pagarle lo que podíamos porque seguro le iba a ir mejor. Afortunadamente aceptó el trato y nos llevamos de su estudio un tesoro cada una.También dedicó a Isabel su acuarela:“Para Isabel, con la esperanza de que Rusia no te haya desilusionado. El encuentro de hoy queda en mi alma como un muy buen recuerdo.”Salimos a la calle con la seguridad de que, en todo el tiempo que nos quedaba por pasar en Siberia, nada iba a aproximarse a aquella experiencia. Nos llevamos muchas sorpresas más, cada una diferente e irrepetible, pero, efectivamente, nada tan personalmente emotivo como este momento.