Viaje a Siberia: Cuarto día
Lunes 8 de agosto: día de pintura y campo en la dasha de ValentinaHemos salido a las 11 de la mañana. Isabel no ha permitido que nadie baje antes que ella para compensar su retraso del día anterior.Salimos hacia Dasha Bazáiha (dasha= casa de campo y Bazáiha es el nombre del río, una de las hijas del Yenisei) Paramos en un mirador en el Parque natural Stalbuii para ver las pistas de esquí ¡¡VERDES!!Después de dejar las cosas en casa de Valentina e Igor, salimos a dar un paseo por las callejas y alrededores del río, Vimos y fotografiamos… (la cámara es una de nuestras extremidades, si nos estorba para comer… nos quedamos en ayunas, cualquier cosa antes que permitir no inmortalizar el momento) Como decía, vimos árboles con manzanitas, preciosos girasoles, flores de todo tipo y un pequeño río que debe ser una hija de Bazáiha, es decir ¡la nieta de Yenisei!Ya era hora de que llegaran los periodistas y nos tenían que encontrar pintando, recogimos nuestros bártulos y nos fuimos al río.No se me ocurrió nada mejor que pintar una panorámica del río… ¡desde el puente! Tengo que advertir que ese puente era una carretera con paso habitual de coches. No me pareció que eso fuera un obstáculo. Me acomodé en lo que podríamos definir como “acera”, es decir, paso de peatones que debía medir 50 cm de ancho. Serguey me había dejado su caballete (de esos que son también maletín) y como no cabía de manera perpendicular al paisaje que iba a pintar, lo tuve que poner a lo largo de la acera… de tal manera que, a mitad del trabajo, me di cuenta de que ¡estaba pintando el paisaje que tenía a mi espalda!Así se vio Serguey por dejarme el caballete, para que yo pudiera pintar cómodamente... él se tuvo que tirar al suelo.Los periodistas llegaron, y el entrevistador me comentó que nos habían visto en el aeropuerto, habían cruzado apuestas sobre nuestro origen: se debatían entre Italia y Grecia… ¡habían perdido todos!En esta ocasión tuve la fortuna de tener a Luzmila, traductora directa ruso-español.No sé para qué cadena televisiva era aquel reportaje pero fue extenso pues nos entrevistaron a todos. Después de una hora de trabajo (y entrevistas) volvimos a casa para comer.Exposición de trabajos realizados (Jonás le regaló la obra a Valentina y yo hice lo mismo a Isabel)En las mesas rusas, o en las siberianas, no puede faltar:- la fruta desde el primer momento, en este caso uvas verdes y rojas- tocino crudo (ligeramente salado)- pescado crudo- ensalada sin aliñar (no le ponen aceite)- pepino al eneldo (se tiene dos días en agua, sal y eneldo) - fiambre parecido a la mortadela siciliana pero del tamaño del chorizo.En este caso, el plato principal era “PLOV,” un arroz con carne que José definió como “paella siberiana”. Era un arroz muy rico, Gloria le pidió a Valentina la receta y ésta le dijo que le daba “la receta… y al cocinero de paso”.Por supuesto que no faltó el vodka (recordad, tantos brindis como comensales), zumos de frutas y agua con gas (por lo menos tuvimos agua, eso no lo podemos decir de todas las comidas)Para las recetas… consultad con Gloria (en los comentarios “Mayoyita”)Al volver a Krasnoyarsk fuimos a la Universidad para ver una exposición de José Ocón (y que él mismo desconocía su esistencia)Allí encontramos a otro pintor amigo de José, también llamado Balera y que nosotras dimos en llamar "el pintor triste" por la expresión de su rostro.Estábamos viendo la exposición cuando fuimos rodeados por un grupo de jovenes...¡¡¡españoles!!! gaditanos, por más señas, que habían ido a estudiar a aquella universidad. Un intercambio universitario CÁDIZ-KRASNOYARSK... ¡ahí es nada!Aquello no fue el final de nuestra jornada "laboral", aun teníamos que ir al supermercado: faltaba agua mineral (que José había pedido cada vez que decíamos que íbamos a comprar pero que nunca le llevábamos) y algo para las cenas. Emma necesitaba champú y yo precisaba de fijador para hacer algo decente con mi pelo, recién cortado, y que yo no sé cómo manejar. Gloria volvió mala de esa compra, el arroz le había sentado fatal pues hace muchos años que no toma productos de origen animal.Gloria
¿Y qué decir del día en general? Pues diré que era un día precioso y que el tiempo nos acompañó regalándonos un sol espléndido.
“Nos dejaron salir un rato” antes de que vinieran los periodistas y lo aprovechamos para pasear y para disfrutar de una naturaleza y una temperatura increíbles. Todo estaba verde, lleno de flores y fue una gozada caminar juntos, charlar y hacernos cada vez más amigos. Especialmente las chicas formamos un buen equipo, congeniamos y nos reímos un montón. Los chicos hacían sus cosas de pintores y Pili se las arreglaba para estar a todo.
Después hubo que ponerse a trabajar. Bueno, ellos. En realidad Isabel, Emma y yo no teníamos nada que hacer. No teníamos nada que hacer hasta que Pili se dio cuenta de que no tenía caballete. Tenia su lienzo, tenia una paleta con algunos oleos, pero no tenía caballete. Creo que yo lo dije y apareció uno como por arte de magia. Después, cuando vi a Serguey por los suelos... No, no había sido magia ¡Qué rico!
Pues bien, ya tenía caballete y una paleta con algunos colores. Pero necesitaba una mano para pintar y otra para sujetar el lienzo.... ¿y la paleta? La interprete que actuaría más tarde en la traducción ruso/español, español/ruso, durante la entrevista se prestó inmediatamente a sujetarla. Así que se dispuso a trabajar de espaldas al paisaje que pretendía pintar con una interprete que sostenía su paleta. Original ¿no?
Cuando el cuadro estaba a medias la artista empezó a ponerse nerviosa ¡yo así no puedo seguir! No me queda azul... Y ahí fui yo galopando a pedir un poco de cierto azul como si de una tacita de azúcar se tratara. Serguey me dio lo que le pedía y corrí nuevamente al puente para hacer la entrega enseguida.
Perfecto, ya tenía azul, pero ahora le faltaba amarillo, y no un amarillo cualquiera, necesitaba ocre. ¿Cómo se dice ocre en inglés? Lo intenté con un “dark yellow” pero solo conseguí amarillo. Se lo llevé y me dijo “esto no es ocre”, “ya pero es que no sé cómo pedirlo...” Se conformó, lo mezcló con negro y dijo algo así como “¿que consigues usando el negro? ¡manchar el cuadro!” Y continuó adelante. Cuando Isabel lo vio dijo que estaba perfecto y ella que no, que no estaba acabado, que no tenía colores... Pues Isabel consiguió que aceptara que estaba bien como estaba, que tenía más mérito por las circunstancias en las que había sido pintado. Tanto entusiasmo le puso que Pili decidió regalarle el cuadro a ella ¡qué guay!
A todo esto, entre pedido y pedido, yo trataba de fotografiar el momento, bueno, cada momento, mientras trotaba de un lado a otro; total que, para no tener que hacer nada ¡no pude parar un momento!
Y al final, después de habérmelos ofrecido, no me llevé ni al cocinero (seguro que tomó sus precauciones, por si me empeñaba en llevármelo, porque no lo volví a ver), ni la receta. La he buscado en internet y he “descubierto” que no solo se come en Siberia sino en toda la antigua Unión Soviética.
Lo malo de la receta en cuestión es que está basada en el cordero y, para cocinarla, se utiliza su grasa (¡ya entiendo por qué mi estómago no consiguió digerirla!). A pesar de todo, en un alarde de total osadía, me he atrevido a imaginar la receta “veganizada”. Primero la probaré y, si sale bien, la incluiré en esta entrada como un nuevo comentario.
Antes de emprender el viaje tomé precauciones por si no me resultaba fácil encontrar el tipo de comidas que yo suelo comer, así que metí en mi maleta unos batidos de soja, patés vegetales, unas pequeñas botellitas de aceite de oliva virgen y un paquete de soja texturizada (fina) que me sería muy útil para añadir a cualquier ensalada. Una vez allí comprendí que la cosa estaba más difícil de lo que yo esperaba porque todo lo cocinan con carne, pescado, crema o mayonesa. Así que ya desde nuestra primera comida en Krasnoyarsk acepté que tenía que hacer concesiones. Y eso mismo hice este increíble día. Decidí comer pepinos, absolutamente veganos, y plov (ya había acordado previamente con mi hermana cambiarle vegetales por carnes o pescados). Nunca lo hubiera hecho si hubiera tenido otra alternativa pero retiré los trozos de carne y me comí el arroz y la zanahoria que con ella se habían cocinado. El sabor era delicioso, me encantó, y comí un montón de plov “sin carne”. Al final la delicia se convirtió en pesadilla porque hace tiempo que no como grasas animales y mi estómago no me lo perdonó... Pero esto ocurrió horas más tarde.
Después de que nos dejaran bien “recogidos” nuestros nuevos amigos Iana, Dima y Seguey, que no sabían que cuando ellos se iban nosotras, las 4 chicas, nos íbamos a investigar por nuestra cuenta (probablemente si lo hubieran sabido habrían dejado guardias en la puerta porque no estaban dispuestos a correr el menor riesgo con nosotros), hicimos lo mismo que la tarde anterior. Nos encaminamos hacia el super en alegre formación decididas a comprarle a Jonás una tarjeta nueva para su cámara. De paso buscaríamos algunas cosas que nos faltaban: champú para Enma, fijador para Pili, tomates y agua mineral para José (ya la había pedido el día anterior pero, en medio de semejante vorágine, la habíamos olvidado por completo), paraguayas para Isabel (en realidad había pedido melocotones pero los vi tan pálidos, tan desvaídos, que no los quise coger. Al parecer a ella no le habían parecido tan mal...) y lo que fuera que me sirviera a mí. Recuerdo que incluso hojeamos la prensa ¡muy interesante, por cierto! (toda en ruso, claro), pero no vimos nada sobre la exposición que estaba a punto de inaugurarse, ni sobre la entrevista y las fotos del día de nuestra llegada. Quizá todo había salido el día anterior.
Volvimos a casa con nuestra compra y pusimos las viandas en la mesa. Yo no tenía el cuerpo para nada así que no cené pero los demás comieron lo que pudieron y quisieron del revoltillo de cosas que teníamos.
Me fui a la cama, agotada de no haber dormido casi nada desde la noche anterior a nuestra salida de Madrid, pero en la cocina había una animada charla ¡a buen volumen! Y ésta estaba justo al lado de nuestro salón/dormitorio... Me levanté a cerrar la puerta de la cocina pero allí las puertas no tenían “resbalón” así que ninguna encajaba, quedando todas a merced de las corrientes de aire. Menos mal que en el baño y el aseo había pestillos...
¿Y qué decir del día en general? Pues diré que era un día precioso y que el tiempo nos acompañó regalándonos un sol espléndido.
“Nos dejaron salir un rato” antes de que vinieran los periodistas y lo aprovechamos para pasear y para disfrutar de una naturaleza y una temperatura increíbles. Todo estaba verde, lleno de flores y fue una gozada caminar juntos, charlar y hacernos cada vez más amigos. Especialmente las chicas formamos un buen equipo, congeniamos y nos reímos un montón. Los chicos hacían sus cosas de pintores y Pili se las arreglaba para estar a todo.
Después hubo que ponerse a trabajar. Bueno, ellos. En realidad Isabel, Emma y yo no teníamos nada que hacer. No teníamos nada que hacer hasta que Pili se dio cuenta de que no tenía caballete. Tenia su lienzo, tenia una paleta con algunos oleos, pero no tenía caballete. Creo que yo lo dije y apareció uno como por arte de magia. Después, cuando vi a Serguey por los suelos... No, no había sido magia ¡Qué rico!
Pues bien, ya tenía caballete y una paleta con algunos colores. Pero necesitaba una mano para pintar y otra para sujetar el lienzo.... ¿y la paleta? La interprete que actuaría más tarde en la traducción ruso/español, español/ruso, durante la entrevista se prestó inmediatamente a sujetarla. Así que se dispuso a trabajar de espaldas al paisaje que pretendía pintar con una interprete que sostenía su paleta. Original ¿no?
Cuando el cuadro estaba a medias la artista empezó a ponerse nerviosa ¡yo así no puedo seguir! No me queda azul... Y ahí fui yo galopando a pedir un poco de cierto azul como si de una tacita de azúcar se tratara. Serguey me dio lo que le pedía y corrí nuevamente al puente para hacer la entrega enseguida.
Perfecto, ya tenía azul, pero ahora le faltaba amarillo, y no un amarillo cualquiera, necesitaba ocre. ¿Cómo se dice ocre en inglés? Lo intenté con un “dark yellow” pero solo conseguí amarillo. Se lo llevé y me dijo “esto no es ocre”, “ya pero es que no sé cómo pedirlo...” Se conformó, lo mezcló con negro y dijo algo así como “¿que consigues usando el negro? ¡manchar el cuadro!” Y continuó adelante. Cuando Isabel lo vio dijo que estaba perfecto y ella que no, que no estaba acabado, que no tenía colores... Pues Isabel consiguió que aceptara que estaba bien como estaba, que tenía más mérito por las circunstancias en las que había sido pintado. Tanto entusiasmo le puso que Pili decidió regalarle el cuadro a ella ¡qué guay!
A todo esto, entre pedido y pedido, yo trataba de fotografiar el momento, bueno, cada momento, mientras trotaba de un lado a otro; total que, para no tener que hacer nada ¡no pude parar un momento!
Y al final, después de habérmelos ofrecido, no me llevé ni al cocinero (seguro que tomó sus precauciones, por si me empeñaba en llevármelo, porque no lo volví a ver), ni la receta. La he buscado en internet y he “descubierto” que no solo se come en Siberia sino en toda la antigua Unión Soviética.
Lo malo de la receta en cuestión es que está basada en el cordero y, para cocinarla, se utiliza su grasa (¡ya entiendo por qué mi estómago no consiguió digerirla!). A pesar de todo, en un alarde de total osadía, me he atrevido a imaginar la receta “veganizada”. Primero la probaré y, si sale bien, la incluiré en esta entrada como un nuevo comentario.
Antes de emprender el viaje tomé precauciones por si no me resultaba fácil encontrar el tipo de comidas que yo suelo comer, así que metí en mi maleta unos batidos de soja, patés vegetales, unas pequeñas botellitas de aceite de oliva virgen y un paquete de soja texturizada (fina) que me sería muy útil para añadir a cualquier ensalada. Una vez allí comprendí que la cosa estaba más difícil de lo que yo esperaba porque todo lo cocinan con carne, pescado, crema o mayonesa. Así que ya desde nuestra primera comida en Krasnoyarsk acepté que tenía que hacer concesiones. Y eso mismo hice este increíble día. Decidí comer pepinos, absolutamente veganos, y plov (ya había acordado previamente con mi hermana cambiarle vegetales por carnes o pescados). Nunca lo hubiera hecho si hubiera tenido otra alternativa pero retiré los trozos de carne y me comí el arroz y la zanahoria que con ella se habían cocinado. El sabor era delicioso, me encantó, y comí un montón de plov “sin carne”. Al final la delicia se convirtió en pesadilla porque hace tiempo que no como grasas animales y mi estómago no me lo perdonó... Pero esto ocurrió horas más tarde.
Después de que nos dejaran bien “recogidos” nuestros nuevos amigos Iana, Dima y Seguey, que no sabían que cuando ellos se iban nosotras, las 4 chicas, nos íbamos a investigar por nuestra cuenta (probablemente si lo hubieran sabido habrían dejado guardias en la puerta porque no estaban dispuestos a correr el menor riesgo con nosotros), hicimos lo mismo que la tarde anterior. Nos encaminamos hacia el super en alegre formación decididas a comprarle a Jonás una tarjeta nueva para su cámara. De paso buscaríamos algunas cosas que nos faltaban: champú para Enma, fijador para Pili, tomates y agua mineral para José (ya la había pedido el día anterior pero, en medio de semejante vorágine, la habíamos olvidado por completo), paraguayas para Isabel (en realidad había pedido melocotones pero los vi tan pálidos, tan desvaídos, que no los quise coger. Al parecer a ella no le habían parecido tan mal...) y lo que fuera que me sirviera a mí. Recuerdo que incluso hojeamos la prensa ¡muy interesante, por cierto! (toda en ruso, claro), pero no vimos nada sobre la exposición que estaba a punto de inaugurarse, ni sobre la entrevista y las fotos del día de nuestra llegada. Quizá todo había salido el día anterior.
Volvimos a casa con nuestra compra y pusimos las viandas en la mesa. Yo no tenía el cuerpo para nada así que no cené pero los demás comieron lo que pudieron y quisieron del revoltillo de cosas que teníamos.
Me fui a la cama, agotada de no haber dormido casi nada desde la noche anterior a nuestra salida de Madrid, pero en la cocina había una animada charla ¡a buen volumen! Y ésta estaba justo al lado de nuestro salón/dormitorio... Me levanté a cerrar la puerta de la cocina pero allí las puertas no tenían “resbalón” así que ninguna encajaba, quedando todas a merced de las corrientes de aire. Menos mal que en el baño y el aseo había pestillos...